jueves, 8 de noviembre de 2012

La vida en un segundo


Nací en El Agustino. Soy hijo de Gonzalo e Isabel. Quienes me dieron dos hermanos increíbles: Elizabeth y Jaime. Mi infancia y juventud las pasé en el Callao. He sido formado en cuatro hogares maravillosos, uno complementario del otro, pero claro, ninguno como el que formaron Gonzalo e Isabel. Mi segundo hogar fue el Colegio Parroquial Junior César de los Ríos, mi tercer hogar el Grupo Scout Callao 53. Luego, nos mudamos a San Martín de Porres. Y al acabar el colegio fui recibido y formado en mi cuarto hogar: la PUCP-Arte. Allí toqué música y a veces bailé en NACPUCP, en CEMDUC… ¡qué aventuras! Aquí conocí a Nora, mi compañera para toda la vida, con quien trazamos un camino en común y nos casamos. Ahora tenemos dos hijos: Salvador y Maira, quienes son nuestro motor cada día y a través de sus ojos podemos mirar nuestras vidas.


He viajado por Lima (Huarochirí, la tierra de mi madre, prometo refrescar los recuerdos), La Libertad, Cajamarca (la tierra de mi padre), Puno, Cusco, Huánuco, Ayacucho, Piura, Chiclayo. Trabajé en el Arzobispado de Lima, Editorial Norma (¡qué recuerdos!). Viajé al exterior: Alemania, Argentina, Colombia, Panamá, EE.UU. donde conocí al Mickey Mouse de mi infancia. Mi historia editorial continúa en Ediciones SM, bailo, toco y canto a la vida y por la vida... y a lo largo de estos años ustedes me dejaron ingresar en sus vidas e hicimos esta historia juntos. Gracias por todo compañer@s, amig@s, herman@s y familia de la vida. Continuará...



Agradezco por la corrección de estilo a Ana Sofía Vega.
(Ideas de W. Rocel, en noviembre de 2008)

jueves, 25 de octubre de 2012

El lado oscuro de la luna





















Luna, luna, luna testigo de amores, fuente de inspiración de poetas y románticos, símbolo mágico del mundo andino. Pero, para mi, a partir de los años ochenta, se le agrega un nuevo significado, uno en el que la luna pasa a ser testigo silencioso del terror en nuestros pueblos.

El motivo de este cambio, en mi vida, se da inicio en una de esas tantas noches en un pueblo andino de Cajamarca, tenía doce años y me encontraba muy feliz y emocionado de estar en la tierra de mis abuelos y asombrado de encontrar aún en aquella época, un pueblo que no tenia energía eléctrica y lo único que lo movía era la fuerza del hombre.

En las noches las familias se reunían a conversar y a calentarse alrededor de una fogata, bueno eso era para mi, una cocina a leña para los del pueblo. Era un pueblo muy jovial, sin malicia, tanto así que la comisaría del pueblo la usábamos para jugar a los vaqueros y el comisario.

Las lluvias en el pueblo eran de temer, al menos para un niño citadino como yo, el pueblo se iluminaba cada vez que un rayo caía en las chacras y luego desde atrás el trueno se iba aproximando velozmente, como un sonido de mil tambores pasando por entre mis hombros, en realidad era un ruido muy poderoso, mi abuelo decía que era un batallón de Ángeles que se preparaban para ir a luchar contra los demonios, se notaba que eran demasiados demonios ya que los truenos llegaban una y otra vez.

En una de esas noches de luna, me despertó un estruendoso ruido que pensaba eran los truenos, pero conforme iba despertando se iba convirtiendo en sonidos diferentes, era como de dinamita, si de dinamita, a la par fragmentos de barro seco caían sobre mi rostro, eran parte del techo que por la fuerza de las explosiones, removían el techo y me iban despertando y me hacían volver a una cruda realidad de la cual pensaba me encontraba alejado...


Fragmento de Mis recuerdos
(texto de W. Rocel, marzo de 1986)


viernes, 5 de octubre de 2012

¡Mi papá es un superhéroe!



¿Recuerdan lo que sentían por su padre cuando tenían 4 años? ¿lo recuerdan todavía?, bueno, por algún motivo, ya sea porque en algún momento tu hijo o hija replica alguna travesura, frase o palabra que utilizabas de pequeño o un no sé qué, pero activa algo en ti y de repente viene a la memoria, a la frágil memoria un tierno recuerdo.

Cuando era muy pequeño acompañaba a mi madre a las compras del mercado y siempre, terminaba en el retorno con una historieta entre mis manos. En aquella época de Editorial Novaro, Superman y Batman llenaban mi imaginario en el que tenía adherido los superpoderes de mis héroes favoritos. El mantel de la mesa se agregaba a mi uniforme como una capa y en las noches miraba por la ventana muy atento para ver si había algún villano que derrotar... si llegaban los marcianos a conquistar el mundo, estar alerta por si en algún momento Superman necesitaba de mi ayuda o ver en el cielo la señal de alerta a Batman.

Cuando a mi madre le tocaba ir a La Parada por compras más grandes, también me llevaba, pero me dejaba con el canillita de la cuadra. Ahí conocí la primera biblioteca de historietas. Es probable que en mi pensamiento infantil haya pensado que este canillita era alguien muy importante pues hasta ahora recuerdo la carpa armada de palos, con paredes y techo de bolsas de plástico, en el que atravesaban cordeles de los cuales colgaban las historietas sujetas por un gancho de ropa. En el centro había colocado unos banquitos en los cuales los lectores, aprendices de héroes, nos sentábamos para disfrutar de las historias que ahí estaban a disposición... ¡qué historias, qué dibujos, qué poderes!...

Poco a poco las historias llegaban y llegaban, pero los superhéroes no llegaban, seguro estaban muy ocupados por otros lares... no será que los superhéroes se disfrazan de personas normales como mi padre para poder descansar. ¡Mi papá un superhéroe! ¡Hum, no!

Recuerdo como si fuera ayer, cuando mi padre llegaba del trabajo me cargaba y de un tiro me lanzaba hacia el cielo y luego me recibía. No tenía miedo al caer, ya que estaba seguro que siempre me agarraría a tiempo. En otras ocasiones, extendía sus brazos para que yo me pudiera colgar y balancear. Creo que mi padre también tenía superpoderes, ya que para mí tenía la fuerza de un toro.

Una noche llegó mi padre de su trabajo y decía: -hoy es un día muy especial y por eso vamos a cenar fuera-. Mi madre me alistaba para salir y mi padre llevaba las chompas por si, transcurrida la noche, daba más frío. Al ubicarnos en el auto yo me sentía muy emocionado pues era mi padre quien iba a manejarlo. Mi madre me rodeaba con los brazos fuertemente cual cinturón de seguridad para no golpearme, en eso mi padre arranca el carro. Qué es lo que veo, no puede ser, mi padre maneja el auto a oscuras, mi pa... no necesita ver donde presionar con los pies, el timón y la palanca de cambios, por ratos veo que deja de sostener el timón con las dos manos, wow... mi padre puede manejar estas naves sin verlas directamente y a oscuras... ¿Qué otros poderes tendrá?

Esto mismo me dijo mi hijo de pequeño, al verme manejar una noche sin luz dentro del carro: ¡Mi pa es un superhéroe!



Texto de W. Rocel, Recuerdos, agosto de 2005
Agradezco por la corrección de estilo a Ana Sofía Vega.

jueves, 19 de enero de 2012

Hawking: "Abandonar la Tierra o morir" ¿?













Año 2033, el calentamiento global, la sobrepoblación, la escasez y empobrecimiento de los alimentos –escasez de tierras fértiles–, el agotamiento de las fuentes de energía orgánicas, la radioactividad a la que se expone la población, la contaminación de las aguas y el nacimiento de nuevas enfermedades, hace que el final de la raza humana sea una realidad muy cercana y dolorosa de aceptar.

Mientras unos científicos piensan en abandonar la tierra, sin saber si tenemos el tiempo, la tecnología y el presupuesto que implica lograrlo, Salvador, un científico del MIT, tiene otra teoría: salvar la mente –el alma–, la única manera de que la raza humana o parte de ella sobreviva.

La motivación, hacer que su hijo Rocel sea parte de éste proyecto y con el sobreviva.

La mente –el alma– en un robot...

En un escenario como este los seres humanos tendrán un fuerte trauma, al tratar de acostumbrarse a no usar nuevamente los hábitos humanos que realizaban, comer, tener sed, socializar, en fin existirán situaciones que psicológicamente tendremos que solucionar.

Como todo científico dice: "No extrañarás lo que no conociste", Salvador decide que adicionalmente al momento de hacer la transferencia de la mente al robot, anulará todo tipo de habito humano que exista en su mente, creando una nueva raza, un nuevo tipo de ser "humano", el nuevo Adán, una nueva oportunidad de recrearlo.

Inteligencia Artificial en proceso
Para Salvador, amante de los BIONICLE
#Fanfic  #Bionicle00  #TheTitan  #Humanos2.0  #Hawking  #X
#ElonMusk  #Neuralink  #ConectarElCerebroAUnaComputadora
#AI

Texto de W. Rocel
en idea desde febrero de 2008
plasmada en un escrito en agosto de 2010 finalizada en mayo de 20XX,
si es que seguimos con vida y Salvador no lo anule de la mente.

martes, 17 de enero de 2012

El clon de Cristo, el nacimiento del mal

Cuando el hombre juega a ser Dios...

Un grupo de arqueólogos descubren una tumba secreta, cercana a Belén, con restos óseos y telas con símbolos que hacen indicar que probablemente sean de Jesucristo, deciden llevarlo a Boston para ser analizado por especialistas del área, pero la tentación a ser parte de la historia de la ciencia pudo más, deciden hacer unas pruebas, entre ellas el clonar a partir de los restos humanos encontrados, creando tres clones, decidiendo generar escenarios similares a los que de la época de Jesucristo, encontrando lugares similares y en diversos lugares del mundo y es ahí donde inicia la historia...

Ideas de W. Rocel, en julio de 2010


martes, 24 de mayo de 2011

Mi Superhéroe

¡Gracias por todo,
papá, esposo, amigo, superhéroe!


Gonzalo
Rodríguez Bernardo
(11/01/1940 - 24/05/2011)


jueves, 31 de marzo de 2011

¿Están todos bien?





















Estoy llamando a la casa de mis padres. Está timbrando. Como en otras ocasiones el dialogo se desarrolla del siguiente modo:
Casa de mis padres: ¡Aló!
Rocel: ¡Hola, papi!
Casa de mis padres: Hola hijito, ¿cómo está mi Salvador y mi Mairita? (sus nietos).
Rocel: Bien, papi. ¿Cómo estás?, ¿está mi mamá?

Sí, mi padre es, desde siempre, el “pase” para hablar con mi madre. Él sabe que lo quiero mucho. Nos vemos los fines de semana cuando llevo a sus nietos a que lo visiten y ahí se lo trato de decir.

Tanto fue que, hasta ahora último mi papá al contestar decía: Hola hijito, ¿quieres hablar con tu mami?

No me di cuenta de lo que hacía ¿por qué? ¿Por qué una película (Se llama Están todos bien) tiene que abrirme los ojos para ir hacia atrás y tratar de recordar y escarbar en el pasado para saber qué era lo que estaba pasando?

No recuerdo cuando empezó todo. A mi madre le contaba todo, a mi padre le filtraba las cosas, solo las hazañas y mis mejores notas. Como digo, no me acuerdo, pero ahora me doy cuenta, ya que hago lo mismo con mis hijos. Les celebro las hazañas y cambio el trato cuando salen con observaciones, entonces la madre pasa a ser la persona predilecta para depositar la confianza.
Para mi padre lo más importante es la familia y no lo material; por eso, el poco tiempo que tiene lo dedica a la familia. Él da todo por sus nietos.
Mis padres me dejaron crecer libre, para ser yo y no lo que ellos querían que fuera y es por eso que ahora dejo que mis hijos sean más niños, jueguen a ser niños, jueguen a ser ellos, con sus padres al lado y buscando su confianza.

Por eso; ahora respeto y quiero más a mi padre: Ahora, lo llamo a la casa para hablar con él.

Pero esta historia no termina aquí. De un momento a otro, todo cambió, de pronto vienen a visitarlo de todas partes: desde Holanda, Argentina, Estados Unidos, desde Cajamarca, Trujillo; sus ex compañeros de trabajo, sus vecinos del antiguo barrio, sus vecinos del nuevo barrio, sus familiares entre ellos sus hijos lo visitaron más.
Ahora ha llegado a tener su primer celular, pero qué celular, suena a toda hora con llamadas de familiares que no pueden visitarlo personalmente.

¿Qué sucedió? ¿Qué ocurrió? Bueno se los diré: se llama cáncer.

El camino es corto pero se vivió plenamente, lo único que me apena es no ver crecer a mis nietos –dice Gonzalo–.
Gonzalo se llama mi padre; quien me dejo crecer libre… así como ahora lo hago yo con mis hijos.


Fragmento de mis recuerdos
(texto de W. Rocel, marzo de 2011)

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  • Cuando se sientan bien, aprovechen háganse su chequeo contra el cáncer, acuérdense el cáncer no tiene síntomas.

  • Recomiendo la película Están todos bien (Everybody's fine. http://www.everybodysfinemovie.com/ Robert De Niro es un viudo recientemente jubilado que pretende reunir nuevamente a sus hijos, ya adultos. Para intentarlo deberá realizar un viaje a través de varias ciudades, descubriendo una realidad diferente a como se la había imaginado). Les aseguro que apenas termine la película van a pensar en su padre de una manera diferente y si eres padre vas a tratar a tus hijos de otra manera.


Agradezco por la corrección
de estilo a David Abanto y Ana Sofía Vega.